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FERNANDO MOROTE-PÁJAROS MADRUGADORES

A pocas horas de amanecer, saliendo bien enfundado del “Juanito”, me encontré después de mucho tiempo con el poeta Coco López. Marginado por su familia, rechazado por los vecinos, desahuciado por todo el mundo, estaba igualito que siempre: flaco, encorvado, anteojudo, tronado y sucio. Pero lúcido. En estado cuneiforme, además. Apenas me vio, sin saludarme siquiera, me soltó a boca de jarro una andanada de poemas míos escritos varios años atrás. Luego me dio un abrazo y declaró que nunca dejó de admirar mi estilo descarnado de escribir. “Despojado de cojudeces líricas”, remarcó. En un segundo me pareció que estaba enamorado de mí. O que al menos yo le gustaba, porque el resto de la noche no perdió la oportunidad de tocarme. Coco López es un poeta con tendencias muy respetables.

Me invitó a su casa. Una vivienda de 2 pisos, con amplios salones, enormes ventanales y patio interior. El curioso detalle era que no tenía un solo mueble. Resultaba obvio que en un tiempo había sido el hogar familiar, pero ahora tampoco se podía negar que todos habían huido, dejándola abandonada. Y a mi querido amigo junto con ella...

(Este relato está incluido en BRINDIS, BROMAS y BRAMIDOS y lo podréis leer completo en este enlace)
http://periodicoirreverentes.org/2015/07/02/brindis-bromas-y-bramidos-oniricos-iii/

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